Nacer en el coche, nacer en Familia (Papá)

…ALGO MÁS QUE CORTAR EL CORDÓN…

¿Y por qué “algo más que cortar el cordón? Pues porque ha sido uno de los “chistes” fáciles que han salido tras esta experiencia: “…no te podías conformar con cortar el cordón como hacen el resto de padres no…?”

Tras el relato de como lo vivió Sara, os cuento como lo viví yo:

Siento como Sara me despierta y sin darme mucha cuenta me dice que está teniendo contracciones cada 10 minutos, miro la hora y son las 4 de la madrugada, y pienso que si son cada 10 minutos todavía queda, y vuelvo a cerrar los ojos, pero ya no me duermo, me quedo en un duerme-vela. A las 4.10 siento a Sara moverse y hacer sonidos, y me doy cuenta que es una contracción, cortita y tímida (para mi parecer), lo mismo a las 4.20 y de nuevo igual a las 4.30. En ese momento me siento en la cama, me doy cuenta que se ha puesto de parto y rápidamente mi cabeza piensa: “perfecto, Lucas se irá al cole; perfecto también, no ha roto la bolsa como ella quería; perfecto de nuevo, no se ha alargado más la espera; pero… MADRE MIA… que está de parto!!!” y creo que la abracé hasta la siguiente contracción.

No recuerdo muy bien como pasaron las siguientes horas, ya que los dos seguiamos en la cama despertándonos con cada contracción. Creo que sobre las 6.30 nos levantamos de la cama, fuimos al baño, al salón, recuerdo como si flotásemos, sin hacer nada, pero muy concentrados.

Fui consciente que del tema de las horas y de los minutos entre cada contracción, Sara había decidido que me ocupase yo, ya que en ningún momento ella miró, ni buscó un reloj, ni me preguntaba cuanto había pasado, simplemente estaba conectada con ella misma, no necesitaba nada.

En una de las contracciones vi que adoptaba la misma postura que las que le producían la oxitocina sintética con Lucas, cerrándose, apretando, luchando…, y como pude, desde el respeto, y desde un tercer o cuarto plano le recordé que quizás y siempre que le fuese mejor, que probase a no luchar contra la contracción, sino que fuese a su favor, que bailase con la ella, y para bailar hacia falta moverse, y que yo la podía ayudar a eso, en la siguiente contracción le pedí permiso para “bailar” con ella y empecé a moverla desde sus caderas haciendo circulos cada vez más amplios y noté como se aliviaba, como la tensión se relajaba. En la siguiente contracción ocurrió igual, y me dí cuenta que necesitaba un pequeño empujoncito para empezar a moverse, si no, se quedaba enquistada, luchando contra la contracción (me pregunto yo cuantas veces no revivió lo sufrido en el parto de Lucas).

También tuve que recordarle desde la distancia que probase a utilizar la voz, que no cerrase las cuerdas vocales, que las abriese, que abriese la boca y que lo dejase salir…

Mil gracias, Cristina RodrÍguez, te tuve presente en todo momento.

Debido, supongo a la “deformación profesional” mis manos no solo acompañaban el movimiento sino que de forma instintiva empece a liberar los tejidos de la pelvis, mi mano en el sacro acompañaba el baile externo y también el baile interno, y de nuevo noté que le ayudaba, que le relajaba, que la contracción no era un muro, sino una pendiente. Pero esa pendiente cada vez era más larga y llegaba cada menos tiempo, serían las 8.00 cuando las contracciones venían cada 6-7 minutos.

Es entonces cuando despertamos a Lucas para ir al cole, y la situación, pensada ahora, es un tanto cómica: Sara y yo cada uno por nuestro lado haciendo las cosas del día a día antes de ir al cole, desayunos, mochilas, vestir, etc etc; Lucas igual que nosotros claro, sus juegos y juguetes, sus dibujos… pero cada 6 minutos se escuchaba un: Jose!!, y yo iba donde estuviese Sara a pasar la contracción, bailándola juntos, liberando tejidos, un beso, un vamos bien cielo, y a seguir con los quehaceres… y Lucas, acepta la situación y la normaliza, tanto que en una de las contracciones le está preguntando a Sara que de que color son los globos que tiene en la mano… :O

En un momento dado le digo a Sara que llamemos a su padre para que venga a por Lucas y que le lleve al cole, y me dice Sara que no, que le acerque yo, que es un momento, que no quiere hacer que Lucas note nada raro… (¿nada raro? creo que Lucas ya lo había notado jeje, cada 6 minutos su madre llama a su padre, y de repente se pone a gritar como nunca la ha oido gritar, y otra vez como si no pasase nada… eso si que es raro jeje :D) en fin, no lo vi una mala idea del todo, porque los tiempos de descanso no son muy cortos y las contracciónes están en un punto como de velocidad de crucero, Sara ya las conoce y las lleva más o menos bien, integradas en la rutina (que fuerte esto… jeje)

Sara a las 8.30 llama a su madre para decirle que está de parto y que yo voy llevar a Lucas al cole, y su madre, claro con los pies en la tierra y  no en el “planeta parto” (Cris ;)) nos dice que NO, que de eso nada, que viene el abuelo a por Lucas. Y creo que en ese momento tanto Sara como yo, nos damos cuenta de que no era tan buena nuestra idea jeje.

A las 9.00 llega el abuelo, el proceso de parto sigue su curso, ahora las contracciones son cada 4-5 minutos, y lógicamente, el abuelo se queda un poco en shock al ver a su hija así, y me dice por lo bajini… “Jose, y no deberíais iros ya…?” y le digo mostrando seguridad y control de la situación que sí, que en cuanto se vaya él, nos vestimos y nos vamos al hospital que llegamos de sobra… Les acompaño a bajar las cosas al coche y en la puerta nos encontramos con Elena, nuestra vecina, y evidentemente se sorprende, y se preocupa, pero de nuevo mostrando seguridad y control de la situación le decimos que está todo bien…

Subo a casa y empezamos a prepararnos para irnos al hospital, en ese momento aviso a Atenea (no nuestra hija sino nuestra amiga, sí, conocemos otra Atenea!!) es enfermera del Hospital de Torrejón e iba a ser como nuestra “madrina” allí y la que luego fue mi apoyo emocional durante todo lo que vino después. GRACIAS GRACIAS GRACIAS!!. Le digo que no tardaremos mucho en salir y me dice que vale, que se prepara y va ella también.

De repente, las contracciones ya no son cada 4 minutos, ahora son, creo que cada 1 minuto, cada vez más intensas, más largas, con menos tiempo entre una y otra. Esto ya no es velocidad crucero, esto ya tiene otro color, ya no hay baile, ya no hay nada de lo que había hasta ahora. Sara ya no me llama, y aunque no lo hace yo voy y le intento seguir ayudando como antes, y con un “rugido” me dice que no la toque.

En un momento de pausa, me dice que no vamos a llegar a Torrejón, que por favor vamos al Infanta Sofia, el de al lado de casa, y le digo que no se preocupe, que seguro que sí que llegamos (yo no quería por nada ir al Infanta, y automáticamente lo negaba) y Sara otra vez: “Jose, que no llegamos” hubo un momento que ya me lo dijo pero no informándome, sino con miedo y preocupación y ya entonces me mantuve en silencio (ahora soy consciente de que fue un error, porque si le hubiese dicho que sí que ibamos al Infanta, seguro que ella hubiese estado mejor, lo siento cielo…)

Las contracciones eran tan seguidas que no daban tregua para vestirse, ni para nada, no daba tiempo entre contracciones, Sara (y con esto todavía flipo…) se puso a lavarse los dientes… y tuvo que parar 4 veces, 4 contracciones. Al igual que la higiene bucal, también quería ponerse ropa interior, y ya le dije yo que no, que se olvidase de esas cosas, que pantalón, camiseta y andando. En ese momento se me pasó por la cabeza de forma muy ligera, la idea de que quizás, tampoco llegásemos al Infanta Sofia…

Era incapaz de vestirse sola, entre contracciones (que calculo yo que duraría cada contracción unos 20-30 segundos y venian cada 1 minuto) la vestí yo, la puse el abrigo y nos fuimos, bueno perdón, nos intentamos ir… en la puerta de casa con el ascensor abierto: contracción; en el garaje, con la puerta del ascensor abierta también: contracción; entre el ascensor y el coche (15 metros): contracción, en la puerta del coche: contracción.

Las contracciones del garaje, con el eco que hay en los garajes os podéis imaginar para alguien que las escuchase, pues así fue, de repente escuchamos a una chica gritar: “Holaaa, holaaa, hay alguien? pasa algo? holaaa?” y le dice Sara que no pasa nada que solo está de parto, y supongo que con los nervios de encontrarte a una parturienta en ese estado, nunca sabes la que te va a jugar el subconsciente, y a mí empezó a meterme prisa y me decía: “pero corre corre que tenéis el hospital aquí y que le pongan la epidural!!”, a ver como le explicas a alguien en ese momento que no, que ese es el parto que quieres…, pues no lo haces jeje, sonríes, asientes y sigues a lo tuyo. Mientras Sara intenta sentarse en el coche en medio de una contracción, empieza a contarnos que ella tiene dos hijos y que a ella no le dolieron sus partos… El grito de Sara en esa contracción fue tal que dejé de escuchar a esta chica… (por cierto si por algún casual nos lees, gracias por tus animos y tu ayuda, de verdad, sabemos que no es fácil gestionar una situación así, y enhorabuena por tu valentía, porque poca gente se hubiese atrevido a bajar a ver que pasaba, un beso!!)

Nos montamos en el coche, y en la primera cuesta para salir del garaje, Sara, con un grito me hizo parar, me dijo que no me moviese, no toleraba el movimiento. Y fue en ese momento cuando por fín le dije que sí, que ibamos al Infanta Sofía. Seguí conduciendo y en la siguiente contracción, lo mismo, tuve que parar el coche, así 2 o 3 veces más, hasta que me dijo que parase y que no lo volviese a mover. Es ese momento estabamos justo en frente del hospital a unos 800 metros:

NACIMIENTO ATENEA PAPA

Me encuentro en una situación en la que Sara no me deja mover el coche por nada del mundo, y sé que el hospital está a 2 minutos. El momentazo es, que estamos parados en segunda fila en la calle, con la acera y un carril bici justo al lado, un jueves a las 10.30 de la mañana, y Sara con contracciones bestiales, el coche superempañado, vamos que estoy convencido que alguien nos escuchó y  nos vio.

Sara me dice que no me mueva, que no haga nada, pero yo no puedo más y necesito algo de apoyo, veo de repente que por el carril contrario viene una ambulancia, le pito, pero no me hace caso o no se da cuenta, pero algo en mi interior me dice que mejor así, que si hubiesen venido médicos en ese momento, no hubiese sido bueno… y dejo de pensar en buscar ayuda externa, pero mi estado emocional sigue pidiendo un apoyo, y entonces pienso en Atenea (la mayor) cojo el móvil para escribirla y Sara saca un rugido que dice: “NO LLAMES A NADIEEE!!” pero escribo a Atenea y como puedo le escribo esto:

WASAP ATE PARTO ATE

Me contesta y ya estoy más tranquilo, ya se que hay alguien que sabe nuestra situación, alguien de confianza que no va a interferir ni opinar en el proceso, solo va a estar presente, de nuevo GRACIAS!

Soy plenamente consciente de que la bebé va a nacer en el coche, y Sara también, es más, ella lo verbaliza y me pide que no quiere ver a nadie, que no venga nadie. Una vez asumido que va a nacer en el coche, de nuevo supongo que por “deformación profesional” aparecen fantasmas que de nuevo me inquietan, sale mi parte más sanitaria, y empiezo a pensar que no se como viene, que no ha habido ningún control, que no se si está en bradicardia o si viene con vueltas de cordón o si al salir se encajará un hombro, y si hay una hemorragia que no puedo controlar…?

Las contracciones son casi sin pausa, mis ojos solo están pendientes de la pelvis de Sara, esperando que en cualquier momento cambie los movimientos y Atenea quiera terminar de salir. Las contracciones casi empiezan a dolerme a mí, siento que Sara lo está pasando mal, le duele mucho y no puedo hacer más que estar sentado en el coche esperando…

De repente, los gritos de Sara cambian, me doy cuenta que ya no son gritos de contracciones, hemos cambiado de fase…, son rugidos de expulsivo!! Diooos!! Atenea está a punto de salir!!, mis pulsaciones se disparan, tengo la certeza que Atenea va a nacer en el coche, pero quiero, necesito, que en cuanto nazca haya alguien a nuestro lado para ayudarnos en caso de que algo no salga bien… y mi lado sanitario gana a mi lado emocional. Le digo a Sara que me perdone, le cojo la mano y arranco el coche hasta la puerta de urgencias del hospital.

Llegamos a urgencias y hay una ambulancia, pito al conductor y le digo que es un parto, y claro, el hombre me mira y poco más, claro, pensaría que si es un parto y estás en la puerta de urgencias… pues entra y ya está.

Yo no me podía mover de ahÍ, estaba todo a punto de terminar, pero tenía que avisar de lo que estaba ocurriendo. Mis ojos siguen pendientes de la pelvis de Sara, cuando veo que empieza a bajarse el pantalón y como en un sueño me grita: “JOSEEE, LA CABEZAAA” Salgo corriendo del coche (y el de la ambulancia también) me voy al lado de Sara y le termino de bajar el pantalón, Sara me grita una y otra vez: “LA CABEZA, SACALAAA”

Veo la coronilla de Atenea y de nuevo todo se nubla, se ralentiza, todo tiene sentido y todo está en calma, solo hay que esperar que madre e hija terminen lo que empezaron hace meses y yo estoy aquí para acompañarlas. Otro empujón de Sara y sale la cabeza, pero me despierto de ese estado de letargo y de nuevo mi yo sanitario se pone alerta, veo los pliegues del cuellito de Atenea y revivo el parto de Lucas con sus dos vueltas de cordón apretadas, con la gine residente intentando soltarlas y la gine adjunta gritando “Córtalo!! córtalooo!!”. Sara me grita, SACALAAA!! y no se como, per vuelvo a la calma, todo se ralentiza de nuevo, y pienso que no hay que sacarla, solo hay que esperar el milagro… y justo después, otro empujón y sale el cuerpo entero de mi hija, lo recogo, y según se lo estoy poniendo encima a Sara, me aseguro que no hay vueltas de cordón, solo eran los pliegues de la piel, y sin darme cuenta mis dedos van a su cuello y compruebo que hay pulso y que su tórax se mueve, respira… ya está…

La tapo con mi abrigo y le digo a Sara al oído que ya está, que lo han hecho fenomenal, y que ahora solo hay que descansar…

La puerta de urgencias del hospital está llena de gente mirando, ya hay una camilla esperando para meterlas dentro, hace mucho frío. Atenea en brazos, la placenta aun dentro y el cordón uniendo aun a madre e hija, Sara se pone pie, sale del coche y se tumba en la camilla.

Retomo justo antes de que saliese Atenea: Cuando Sara me dice que la cabeza está saliendo y me bajo del coche, Sara habia roto ya la bolsa, estaba todo mojado, y al terminar de bajarle los pantalones, mis manos se empaparon, claro. Pues bien justo cuando se los termino de bajar, aparece una señora (no se si enfermera, o de información, o que…) mete la cabeza al lado de la mía y le dice a Sara… : “Cielo… no grites, tu no grites…” O.O una de mis manos empapadas se planta en la cara de esta buena mujer y la empuja fuera del coche. De nuevo otra vez, las sorprendente actitudes de la gente ante una situación de estrés inesperada… Si nos  lees, un saludo!

Fue justo ahí cuando empezó mi papel de defensor de mi familia en el hospital ya que nada más entrar en la sala de urgencias, me dicen que yo me quedo fuera… Que me quedo fuera? jajaja, me parto… Les digo educadamente que no, que como me voy a quedar fuera con lo que acaba de pasar, y de nuevo me insisten cogiéndome del brazo y ya no es educadamente pero tampoco de malas formas, simplemente les digo: “no, no me quedo fuera” y sigo con Sara y Atenea, y ya a la tecera me doy la vuelta con algo más de mala leche, y les digo que hagan lo que quieran, pero que yo no me muevo de ahí. Me dicen que tienen que ver si todo está bien, y les digo que está todo bien, que la niña respira y tiene pulso y que no me muevo. Lo dejan por imposible y me piden los nombres de la madre y de la niña, y en ese momento salgo del letargo y me doy cuenta que la niña está azul por el frío, y que a Sara se le están cerrando los ojos (modo sanitario -on-, pienso que no se si es cansancio o es una hemorragia) y me retiro un poco, Atenea está encima de Sara y la tienen tapada con una manta térmica, y escucho a alguien decir que la tienen que quitar de ahí, y de nuevo alzo la voz y digo que no, que la niña de encima de Sara no se mueve, que hagan lo que tengan que hacer pero encima de Sara.

Veo a la gine que nos atendió en la primera visita durante el embarazo, casualmente la que nos hizo replantearnos el hospital donde dar a luz (no había otra…) y la escucho decir a otra en voz baja algo así como: “…si es criterio médico, es criterio médico…” y justo cuando yo iba a saltar de nuevo se me acercó otra persona y tranquilizándome me dijo que iba a ser solo un instante, que no se la iban a llevar, solo levantar a la niña, secarlas a las dos bien y volverla a poner encima y entonces accedí, y así fue, las secaron y otra vez piel con piel, poco a poco Atenea empezó a cambiar la coloración y a ponerse rosita, ahora sí que estaba todo bien.

En medio de todo esto, levanto la cabeza y veo que estamos rodeados de gente, 17 en concreto (médicos, enfermeros, auxiliares, celadores, gente de admisión…) y me vino a la cabeza el corto de Luis Tosar, y entré en cólera, y les grité que eso no eran ningún espectáculo, que ahí no pintaban nada, y que no era yo el que me tenía que ir y que se fuesen!!… Nadie me hizo caso y nadie se movió jaja, ahora me parto… jaja. Al rato me sentí un poco mal por haberme comportado así, pero ahora lo pienso y los que se tienen que sentir mal son ellos (o buscar responsables…), al permitir estar dentro de la sala a 17 personas, sanitarios o no, y otros tantos que había fuera mirando desde la puerta abierta.

Decidieron llevarnos a los paritorios para alumbrar la placenta y para allá nos fuimos. Al llegar a los paritorios, estábamos mucho más tranquilos, pero nos quedaba un rato todavía para que esto terminase. Allí nos recibió “LA matrona”, sí, esa matrona que no puede faltar en ningún hospital, esa matrona, que no se porque no se dedica a otra cosa porque la sensibilidad la tienen en la punta del… (y luego tenemos que leer que las matronas no quieren doulas, pero como no va a haber doulas con matronas así…) Esta mujer se va a encargar de suturar el pequeño desgarro que ha sufrido Sara en el expulsivo, y no hace más que dar órdenes, y más órdenes a Sara, en un momento en el que debería estar en silencio, a oscuras y sintiendo a su bebé. Llega la pediatra a ver a Atenea, la cogen la llevan a la mesa caliente (yo ya no tenía fuerzas para seguir luchando, ahora con la pediatra…) y la miden y la pesan, vacuna, pomada de los ojos… y yo pendiente de la niña, cuando me giro y veo a Sara, tumbada en la camilla y completamente desnuda, porque la iban a limpiar, pero a limpiar de que!!! y la matrona diciéndola que bajase el culo que no podía suturar, y veo a Sara que empieza a tiritar, y otra vez me cabreo, y les pido que la tapen que está tiritando, que esto no se hace así, y me dicen que sí, que un momentito, y yo: “ni momentito ni nada, que la tapéis ya, que tiene frio!”

Otra vez Atenea piel con piel, las tapan a las dos, la matrona termina de suturar, se van, apago la luz, me siento a su lado, respiramos profundamente, Atenea empieza a mamar e inevitablemente rompo a llorar…

Me gustaría destacar que ante una situación así, es lógico pensar que el “protagonismo” de la historia me lo lleve yo, ya que una madre “está para dar a luz” y un bebé para nacer, pero que el padre asista el parto… guau! eso es de héroes!… Pues no, simplemente esperé y cogí a mi hija cuando entre las dos, Sara y ella, decidieron que era el momento de nacer.

Las verdaderas heroínas de esta historia son Sara y Atenea

OS QUIERO

porteo papa nacer coche

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2 pensamientos en “Nacer en el coche, nacer en Familia (Papá)

  1. Madre mía!!! He llorado con vuestras historias, con las de los dos transmiten mucho mucho amor. Y Atenea ( amiga) que suerte tener a alguien que corre para ayudarte y que sabe esperar. Un regalo leeros. Un beso enorme

  2. Necesito contar mi versión.
    A las 9.30-10 me escribe Jose que están de parto. No se que decir, solo salgo corriendo y saltando por casa diciéndole a mi madre que Atenea va a nacer! Estoy muy nerviosa, llevábamos meses esperando este momento y Sara me dijo que quería que estuviera a su lado, era un día muy especial y por fin había llegado!
    Le había prometido a Sara llevarle jamón serrano el día de su parto porque después de 9 meses sin probarlo era una buena forma de celebrarlo.
    Le pregunte a Jose que a que hora habían empezado las contracciones y cuando me dijo que a las 4 d la mañana pensé que no debía tardar mucho más en llegar el momento, pero pensé: saben lo que hacen, da tiempo de sobra!
    Todo mi empeño era llegar antes de que naciera Atenea al hospital de Torrejón para poder estar con ellos, estaba muy emocionada.
    Me duche, fui a comprar los montaditos de jamón y ya en el coche le dije a Jose que iba para allá.
    A mitad de camino, a la altura de Paracuellos del Jarama recibí un whatsapp de Jose poniendo lo que habéis leído arriba… Doy una voz que dice: NO ME LO PUEDO CREER! cojo la salida de Paracuellos, doy la vuelta en la primera rotonda y empieza mi búsqueda de la situación. Buscaba el coche de Sara y Jose y una UVI móvil… si os soy sincera, no quería llegar y encontrarme el coche y los dos con Atenea naciendo, me daba pánico (asi de cagueta soy yo con el tema del parto aunque Sara y Jose lleven años viendo esto lo natural que es). Yo fui en todo momento la parte sanitario de Jose
    Por fin vi el coche, por suerte era en la puerta de urgencias y alrededor habia muchisima gente, no sabia que hacer..decidí ser practica y llevar el coche al parking y volver corriendo, cuando llegué ya solo estaba el coche con las cuatro intermitencias puestas (2min como mucho porque os aseguro que corrí mucho, quería ver nacer a Atenea y decirle a Sara que estábamos juntas).
    Pregunté y Atenea ya había nacido, era maravillosos pero yo no había conseguido llegar a tiempo.
    Pedí que me dejaran pasar, intente colarme, les dije que había trabajado allí.. pero fueron inflexibles (trabajo en un servicio de urgencias en el cual tenemos puertas abiertas pero soy consciente que en algunas situaciones no es factible dejar pasar a nadie y además no era necesario que yo entrara para nada, estaban los que tenían que estar: papa, mama y Atenea).
    ME pasaron las llaves del coche y con todos mis nervios fui a quitarlo de la puerta de urgencias, como os podéis imaginar la lie bastante.. saltó la alarma del coche porque abrí con la llave en la cerradura, salió el de seguridad… Al entrar al coche ni miré simplemente puse mi abrigo en el asiento del copiloto (donde nació Atenea) y al volver a cogerlo entendí que allí habían pasado cosas muy importante, la bolsa se había roto y os podéis imaginar la humedad de vida que había allí.
    Necesitaba compartir todo esto con alguien pero mis amigas no eran las indicadas, eran Sara y Jose los que tenían que dar la noticia de que Atenea había nacido y como había sido todo así que llamé a mi madre y untas compartimos la alegría.
    Estuve un rato pululando por la puerta de urgencias y todo el mundo hablaba de lo mismo, ha habido un parto en la puerta de urgencias y ha nacido un bebé precioso y me miraban y señalaban “esa es la hermana de la madre” y la verdad que no iban desencaminados.
    Me acompañaron a la sala de espera de paritorio y allí esperé ansiosa hasta que les dieron cama.
    No creo que pueda olvidar nunca lo primero que vi al entrar a esa habitación, la cara de Jose era alegría, ilusión, desprendían buen rollo. Sara estaba como si acabara de darse un baño o desayunar, estaba como una rosa y guapisima!
    Las endorfinas del parto supongo que tuvieron mucho que ver con esa sensación que nos hacía tener la cara de tontos imborrable todos pero sin duda esa niña preciosisisma pegadita a su mamá era razón más que suficiente para estar encantados con el momento.
    Gracias por dejarme estar tan cerca.
    Es todo un halago que vuestra hija se llame como yo.

¿Estás de acuerdo? ¿No lo estás? ¿Qué opinas?