Nacer en el coche, nacer en Familia (Mamá)

…UN DÍA MUY IMPORTANTE EN MI VIDA…

 

Se me ocurren muchas formas de empezar a contaros un día muy importante en mi vida pero creo que simplemente hace falta empezar por el principio…

El 21 de Noviembre nació nuestra segunda hija ATENEA.

A las 3 de la madrugada mi cuerpo se despertó en la cama sobresaltado porque ya empezaba a sentir las contracciones… me desvelaban y me volvía a dormir, no era muy consciente de que el momento estaba llegando, miraba el reloj según pasaba el tiempo y vi que estaban siendo más o menos cada 10 minutos.

A las 4 y media me desperté y pensé: “Sara, ha llegado el momento y Atenea ya está aquí, pronto la tendrás en tus brazos, el proceso de parto ahora sí que ha empezado y no va a parar… ánimo y tranquila, piensa en todas las cosas positivas que puedes hacer ahora, en todo el proceso… el tener a mi pareja al lado, las clases de yoga prenatal, los consejos de tus compis Continuum… adelante, estás preparada”.

“Sara, ha llegado el momento y Atenea ya está aqui…”

Hablé con mi niña y le dije: “Estamos preparadas mi amor”.

Desperté a Jose y le avisé de que estaba teniendo contracciones cada 10 minutos, pasaba el tiempo y de pronto, en una de esas contracciones me puse a llorar, le dije a Jose que lo que más me preocupaba y lo que quería que pasase es que Lucas, nuestro hijo se despertase a las 8.00 como todos los días, desayunase, se vistiese y se fuese al cole. Así yo podría parir por la mañana y poder verle a él por la tarde en cuanto saliese del cole, mi preocupación era que mi niño no pasase horas solito sin saber donde estaban mamá y papá, aunque sabía que estaría bien con los abuelos para mí era lo más importante, él, casi más que yo.

“…mi preocupación era que mi niño no pasase horas solito…”

Jose me tranquilizó y me dijo que no me preocupase, que iba a dar tiempo y que todo saldría bien, me secó las lágrimas y mi cuerpo se relajo un poquito; seguí con contracciones, intentaba utilizar la voz como recurso para el dolor, decía la vocal “A” como bien me explico mi profe de yoga para abrir todo mi canal de parto, ya que todo está ligado, y miraba el reloj deseando que fuesen las 8.00. En las contracciones pensaba a veces que iba a despertar a Lucas, pero no fue así, quería que mi niño descansase y no despertarle, cortarle el sueño y hacerle pasar por un vaivén de cosas.

Por fin dieron las 8.00 y pude despertar a Lucas, ya estaba algo más relajada, se levantó como todos los días, preparé el desayuno mientras Jose hinchaba la pelota grande de gimnasia por si en algún momento la necesitaba yo. Todo esto con contracciones pero soportables, Lucas me miraba y yo le decía que no pasaba nada que a mamá le dolía un poco la tripita porque Atenea ya quería salir; y a él le parecía perfecto y seguía jugando y diciéndome que de que color eran los globos que tenía en la mano, jeje, era bastante cómica la escena la verdad.

Desayunamos los 3 juntos como todos los días y le dije a Jose que llevase a Lucas al cole y me dijo que me iba a quedar sola pero le dije que me daba igual, que no pasaba nada, que estaba bien y sería solo un ratín; llamé a mi madre para avisarla de que ya estaba de parto y que tendrían que ir a recoger a Lucas al cole y que le llevaba Jose pero mi madre me dijo que no, que iba mi padre a por Lucas a mi casa para llevarle al cole, que no podía quedarme solita en casa y yo le dije que vale. Mientras que mi papi llegaba fui vistiendo a Lucas mientras Jose se arreglaba, todo ello entre contracción y contracción, alguna ya más fuerte que otra, cada 4-5 minutos aproximadamente; Jose preparaba todas las cositas para el hospital que estaban guardadas en el armario, atento a todo para que yo no me preocupase más que de mí misma, me recordaba también todo el rato que tuviese movimiento para ayudarme con el proceso incluso alguna vez me cogía él de las caderas y me ayudaba a balancearme, a contonear mi cuerpo para liberar la tensión, aunque tengo que deciros también que antes de salir de casa al hospital se las quité un par de veces porque ya no consentía yo misma que me tocase nadie, ni él.

Minutos más tarde llamaron al timbre y ya estaba el abuelo en casa, Lucas preparado, nuestra perrita también y el equipaje de Lucas para quedarse con los “abus” dos días. Mi padre subió y le dijo a Jose que nos deberíamos de ir ya al hospital y Jose le dijo que sí, que en cuanto se fuese Lucas; le di los besos con más amor del mundo a Lucas casi en mitad de una contracción y salieron todos por la puerta para irse al cole, Jose bajó a ayudar un segundo a mi padre con todo y subió a casa.

“…mi padre le dijo a Jose que nos deberíamos ir ya al hospital…”

Yo estaba recogiendo el desayuno y cuatro cosas que había en la casa pero tenía la sensación de que en 5 minutos todo se estaba acelerando de forma muy rápida. Nos dispusimos a salir de casa y cuando me di cuenta no era capaz de hacerlo, no me acuerdo muy bien de un tramo de tiempo… pero de repente me vi en el baño de casa intentando vestirme y no era capaz, y me puse a peinarme como pude, me lavé los dientes como en 4 veces porque no era capaz de avanzar más entre contracción y contracción, Jose estaba atento de mí en todo momento y le pedí por favor que me vistiese porque no era capaz de hacerlo yo sola, no me puse ni braguitas ni sujetador, mi cuerpo sentía que ya era la hora de marchar al hospital, tanto era así que en una de las últimas contracciones antes de salir del baño me entraron ganas de empujar… en ese momento me puse muy nerviosa y le dije a Jose que no nos daba tiempo a llegar al hospital de Torrejón que era donde habíamos decidido dar a luz, se lo dije una y otra vez pero él solo me decía: “Tranquila cielo, sí nos da tiempo vale?”. Pero yo sabía, mi cuerpo sabía y sentía que no… y lo repetí varias veces diciéndole que fuésemos al hospital Infanta Sofía el cual tenemos a 500 metros de la puerta de casa, sentí miedo a no ser capaz.

“…sentí miedo a no ser capaz…”

Conseguimos no sé muy bien cómo salir de casa (solo recuerdo contracciones una detrás de otra), yo con el pensamiento de ir al hospital al lado de casa y Jose con la intención de ir a Torrejón ya que no queríamos dar a luz en el hospital de casa. Montamos en el ascensor y me dio una contracción, al bajar al garaje otra, al salir del ascensor otra, al caminar hacia el coche otra, en el coche otra… no había forma de controlar ya la situación, Atenea estaba deseando salir. Como yo utilizaba mi voz en cada contracción, pues una vecina escucho todo en el garaje y bajó asustada pensando que a alguien le pudiese estar pasando algo. Me vió y la dije que estaba de parto, que no pasaba nada y la mujer se puso nerviosa y le dijo a Jose que se diese prisa para que me pusiesen la epidural (jeje, y yo queriendo un parto natural) y después de esto se puso a contarme que sus partos no habían sido dolorosos… yo no me lo podía creer… mi cuerpo gritaba más y más para no escucharla, ¿Cómo se puede ver a una mujer en situación de parto y decirla que a ella no le dolió y que si patatín o patatán? jajaja, yo creo que fueron los nervios, porque si no… no lo entiendo.

Me monté en el asiento del copiloto y salimos del garaje, ya en la primera cuesta de este noté que el movimiento del coche me hacía sentir más dolor, no estaba pasándolo bien. Mi mente sentía miedo, mi cuerpo dolor, una sensación cada vez más intensa, más fuerte.

Jose yo creo que ya vio que era verdad que no nos daba tiempo y fue al hospital de al lado de casa, pero yo le mandé parar el coche a 200 metros de la puerta de Urgencias, no podía más, mi cuerpo no podía con el movimiento del coche, rotondas, frenazos, resaltos… Y  de repente me hice pis encima del esfuerzo en cada contracción, en cada pujo, porque mi cuerpo sintió como ya quería salir mi bebé, mis “gritos” cambiaron… mi cuerpo me pedía empujar… pensaba a la vez en Jose, estaba atento a mi pero de repente sacó el móvil y le dije que por favor no avisase a nadie, que la niña iba a nacer en el coche, que yo no me podía mover; él quería avanzar para llegar al hospital porque lo teníamos al lado pero yo no quería, no podía… quería que mi niña naciese allí y luego ya ir al hospital, no quería ver a ningún médico ni persona con bata de un hospital, no podía más, solo pensaba en mi en ese momento.

“…quería que mi niña naciese allí y luego ya ir al hospital, no quería ver a ningún médico ni persona con bata de un hospital…”

De repente… Jose me dió la mano, me dijo lo siento y fue derecho a la puerta de Urgencias del hospital. Yo rompí la bolsa y noté como mis contracciones bajaban de intensidad pero con unas ganas de empujar terribles. En segundos pensé que hacía yo en esa situación, porque había llegado hasta allí… y cuando me quise dar cuenta estaba en la puerta de Urgencias, me agarré el pantalón par bajármelo y le grité a Jose, ¡LA CABEZA! ¡LA CABEZA!, se bajó del coche, me terminó de bajar los pantalones, yo levanté una pierna como pude y le dije que la sacase, sentía la cabeza perfectamente y Jose me dijo que un poquito más, que aún no, y en dos pujos más, exactamente, Atenea cayó en las manos de su papá que lo primero que hizo fue ponérmela encima y taparla con su abrigo (No puedo seguir escribiendo de las lágrimas que caen ahora mismo por mis mejillas).

La siguiente escena que recuerdo es ver salir muuuucha gente de la puerta del hospital para el coche, para atendernos a mí y a la niña; verme tumbada en una camilla con mi bebé encima con una manta de calor, con oxigeno (Atenea se puso azulita del frio y por si acaso…), con enfermeras diciéndome está todo bien, enhorabuena mamá y las voces de Jose discutiendo de fondo porque no le querían dejar pasar, cosa que evidentemente no consiguieron, como tampoco el quitarme a mi bebé de encima, tan sólo consiguieron romperme la camiseta, secar mi cuerpo y el de Atenea, volver a ponérmela encima y cortar el cordón (ojalá hubiese sido un pelín más tarde).

Todo ese ratito lo tengo bastante nublado; solo pensaba en todo lo que había pasado, en mi bebé, en que Jose estaba ahí para hablar por mi porque yo no era capaz y en que tenía muchísimo frio y las piernas no me dejaban de temblar de eso y del esfuerzo. Por un momento sentí que lo había conseguido, un parto natural, un parto como yo deseaba, solos Jose y yo prácticamente, sin tactos, sin monitorizaciones, sin oxitocina ni epidural ni nada por el estilo, solo Atenea, yo y mi cuerpo. Lucas iba a poder ver a su hermanita en cuanto saliese del cole, había nacido a las 10.45 h, hora que dijo el papá que fue el que la recibió en este mundo, ya que los médicos no podían decir hora exacta.

Me llevaron a paritorios y allí salió la placenta y me dieron los 3 puntitos por el desgarro, no pude parar de temblar hasta que me pusieron una manta por encima, no quería que nadie me tocase, estaba y notaba que estaba dolorida y no quería que nadie estuviese toqueteándome pero para coserme no fue así, le dije a la matrona (de ella y de el personal de planta ya os contaremos en otro momento) que por favor me diese dos minutos, que los necesitaba.

Nos dejaron tranquilos y Jose rompió a llorar y yo le decía que lo sacase, que lo que nos acababa de pasar era alucinante, yo no podía llorar y creo que fue por las hormonas, mi cuerpo estaba a tope con la pequeña y a día de hoy no he podido llorar de la emoción porque la emoción es tan positiva que no me deja.

He tenido el parto que quería de la forma más natural que podía ser, mi niña ha venido al mundo como ella ha querido, sana y pisando fuerte y sus papás hemos estado ahí para recibirla, ¿Qué más puedo pedir? Esto sí que es UN DÍA MUY IMPORTANTE EN MI VIDA.

ATENEA, TE QUIERO HIJA

Tu mamá

nacer en el coche mama

Aquí podéis leer la versión del papá!

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