Nacer en el coche, nacer en Familia (Papá)

…ALGO MÁS QUE CORTAR EL CORDÓN…

¿Y por qué “algo más que cortar el cordón? Pues porque ha sido uno de los “chistes” fáciles que han salido tras esta experiencia: “…no te podías conformar con cortar el cordón como hacen el resto de padres no…?”

Tras el relato de como lo vivió Sara, os cuento como lo viví yo:

Siento como Sara me despierta y sin darme mucha cuenta me dice que está teniendo contracciones cada 10 minutos, miro la hora y son las 4 de la madrugada, y pienso que si son cada 10 minutos todavía queda, y vuelvo a cerrar los ojos, pero ya no me duermo, me quedo en un duerme-vela. A las 4.10 siento a Sara moverse y hacer sonidos, y me doy cuenta que es una contracción, cortita y tímida (para mi parecer), lo mismo a las 4.20 y de nuevo igual a las 4.30. En ese momento me siento en la cama, me doy cuenta que se ha puesto de parto y rápidamente mi cabeza piensa: “perfecto, Lucas se irá al cole; perfecto también, no ha roto la bolsa como ella quería; perfecto de nuevo, no se ha alargado más la espera; pero… MADRE MIA… que está de parto!!!” y creo que la abracé hasta la siguiente contracción.

No recuerdo muy bien como pasaron las siguientes horas, ya que los dos seguiamos en la cama despertándonos con cada contracción. Creo que sobre las 6.30 nos levantamos de la cama, fuimos al baño, al salón, recuerdo como si flotásemos, sin hacer nada, pero muy concentrados.

Fui consciente que del tema de las horas y de los minutos entre cada contracción, Sara había decidido que me ocupase yo, ya que en ningún momento ella miró, ni buscó un reloj, ni me preguntaba cuanto había pasado, simplemente estaba conectada con ella misma, no necesitaba nada.

En una de las contracciones vi que adoptaba la misma postura que las que le producían la oxitocina sintética con Lucas, cerrándose, apretando, luchando…, y como pude, desde el respeto, y desde un tercer o cuarto plano le recordé que quizás y siempre que le fuese mejor, que probase a no luchar contra la contracción, sino que fuese a su favor, que bailase con la ella, y para bailar hacia falta moverse, y que yo la podía ayudar a eso, en la siguiente contracción le pedí permiso para “bailar” con ella y empecé a moverla desde sus caderas haciendo circulos cada vez más amplios y noté como se aliviaba, como la tensión se relajaba. En la siguiente contracción ocurrió igual, y me dí cuenta que necesitaba un pequeño empujoncito para empezar a moverse, si no, se quedaba enquistada, luchando contra la contracción (me pregunto yo cuantas veces no revivió lo sufrido en el parto de Lucas).

También tuve que recordarle desde la distancia que probase a utilizar la voz, que no cerrase las cuerdas vocales, que las abriese, que abriese la boca y que lo dejase salir…

Mil gracias, Cristina RodrÍguez, te tuve presente en todo momento.

Debido, supongo a la “deformación profesional” mis manos no solo acompañaban el movimiento sino que de forma instintiva empece a liberar los tejidos de la pelvis, mi mano en el sacro acompañaba el baile externo y también el baile interno, y de nuevo noté que le ayudaba, que le relajaba, que la contracción no era un muro, sino una pendiente. Pero esa pendiente cada vez era más larga y llegaba cada menos tiempo, serían las 8.00 cuando las contracciones venían cada 6-7 minutos.

Es entonces cuando despertamos a Lucas para ir al cole, y la situación, pensada ahora, es un tanto cómica: Sara y yo cada uno por nuestro lado haciendo las cosas del día a día antes de ir al cole, desayunos, mochilas, vestir, etc etc; Lucas igual que nosotros claro, sus juegos y juguetes, sus dibujos… pero cada 6 minutos se escuchaba un: Jose!!, y yo iba donde estuviese Sara a pasar la contracción, bailándola juntos, liberando tejidos, un beso, un vamos bien cielo, y a seguir con los quehaceres… y Lucas, acepta la situación y la normaliza, tanto que en una de las contracciones le está preguntando a Sara que de que color son los globos que tiene en la mano… :O

En un momento dado le digo a Sara que llamemos a su padre para que venga a por Lucas y que le lleve al cole, y me dice Sara que no, que le acerque yo, que es un momento, que no quiere hacer que Lucas note nada raro… (¿nada raro? creo que Lucas ya lo había notado jeje, cada 6 minutos su madre llama a su padre, y de repente se pone a gritar como nunca la ha oido gritar, y otra vez como si no pasase nada… eso si que es raro jeje :D) en fin, no lo vi una mala idea del todo, porque los tiempos de descanso no son muy cortos y las contracciónes están en un punto como de velocidad de crucero, Sara ya las conoce y las lleva más o menos bien, integradas en la rutina (que fuerte esto… jeje)

Sara a las 8.30 llama a su madre para decirle que está de parto y que yo voy llevar a Lucas al cole, y su madre, claro con los pies en la tierra y  no en el “planeta parto” (Cris ;)) nos dice que NO, que de eso nada, que viene el abuelo a por Lucas. Y creo que en ese momento tanto Sara como yo, nos damos cuenta de que no era tan buena nuestra idea jeje.

A las 9.00 llega el abuelo, el proceso de parto sigue su curso, ahora las contracciones son cada 4-5 minutos, y lógicamente, el abuelo se queda un poco en shock al ver a su hija así, y me dice por lo bajini… “Jose, y no deberíais iros ya…?” y le digo mostrando seguridad y control de la situación que sí, que en cuanto se vaya él, nos vestimos y nos vamos al hospital que llegamos de sobra… Les acompaño a bajar las cosas al coche y en la puerta nos encontramos con Elena, nuestra vecina, y evidentemente se sorprende, y se preocupa, pero de nuevo mostrando seguridad y control de la situación le decimos que está todo bien…

Subo a casa y empezamos a prepararnos para irnos al hospital, en ese momento aviso a Atenea (no nuestra hija sino nuestra amiga, sí, conocemos otra Atenea!!) es enfermera del Hospital de Torrejón e iba a ser como nuestra “madrina” allí y la que luego fue mi apoyo emocional durante todo lo que vino después. GRACIAS GRACIAS GRACIAS!!. Le digo que no tardaremos mucho en salir y me dice que vale, que se prepara y va ella también.

De repente, las contracciones ya no son cada 4 minutos, ahora son, creo que cada 1 minuto, cada vez más intensas, más largas, con menos tiempo entre una y otra. Esto ya no es velocidad crucero, esto ya tiene otro color, ya no hay baile, ya no hay nada de lo que había hasta ahora. Sara ya no me llama, y aunque no lo hace yo voy y le intento seguir ayudando como antes, y con un “rugido” me dice que no la toque.

En un momento de pausa, me dice que no vamos a llegar a Torrejón, que por favor vamos al Infanta Sofia, el de al lado de casa, y le digo que no se preocupe, que seguro que sí que llegamos (yo no quería por nada ir al Infanta, y automáticamente lo negaba) y Sara otra vez: “Jose, que no llegamos” hubo un momento que ya me lo dijo pero no informándome, sino con miedo y preocupación y ya entonces me mantuve en silencio (ahora soy consciente de que fue un error, porque si le hubiese dicho que sí que ibamos al Infanta, seguro que ella hubiese estado mejor, lo siento cielo…)

Las contracciones eran tan seguidas que no daban tregua para vestirse, ni para nada, no daba tiempo entre contracciones, Sara (y con esto todavía flipo…) se puso a lavarse los dientes… y tuvo que parar 4 veces, 4 contracciones. Al igual que la higiene bucal, también quería ponerse ropa interior, y ya le dije yo que no, que se olvidase de esas cosas, que pantalón, camiseta y andando. En ese momento se me pasó por la cabeza de forma muy ligera, la idea de que quizás, tampoco llegásemos al Infanta Sofia…

Era incapaz de vestirse sola, entre contracciones (que calculo yo que duraría cada contracción unos 20-30 segundos y venian cada 1 minuto) la vestí yo, la puse el abrigo y nos fuimos, bueno perdón, nos intentamos ir… en la puerta de casa con el ascensor abierto: contracción; en el garaje, con la puerta del ascensor abierta también: contracción; entre el ascensor y el coche (15 metros): contracción, en la puerta del coche: contracción.

Las contracciones del garaje, con el eco que hay en los garajes os podéis imaginar para alguien que las escuchase, pues así fue, de repente escuchamos a una chica gritar: “Holaaa, holaaa, hay alguien? pasa algo? holaaa?” y le dice Sara que no pasa nada que solo está de parto, y supongo que con los nervios de encontrarte a una parturienta en ese estado, nunca sabes la que te va a jugar el subconsciente, y a mí empezó a meterme prisa y me decía: “pero corre corre que tenéis el hospital aquí y que le pongan la epidural!!”, a ver como le explicas a alguien en ese momento que no, que ese es el parto que quieres…, pues no lo haces jeje, sonríes, asientes y sigues a lo tuyo. Mientras Sara intenta sentarse en el coche en medio de una contracción, empieza a contarnos que ella tiene dos hijos y que a ella no le dolieron sus partos… El grito de Sara en esa contracción fue tal que dejé de escuchar a esta chica… (por cierto si por algún casual nos lees, gracias por tus animos y tu ayuda, de verdad, sabemos que no es fácil gestionar una situación así, y enhorabuena por tu valentía, porque poca gente se hubiese atrevido a bajar a ver que pasaba, un beso!!)

Nos montamos en el coche, y en la primera cuesta para salir del garaje, Sara, con un grito me hizo parar, me dijo que no me moviese, no toleraba el movimiento. Y fue en ese momento cuando por fín le dije que sí, que ibamos al Infanta Sofía. Seguí conduciendo y en la siguiente contracción, lo mismo, tuve que parar el coche, así 2 o 3 veces más, hasta que me dijo que parase y que no lo volviese a mover. Es ese momento estabamos justo en frente del hospital a unos 800 metros:

NACIMIENTO ATENEA PAPA

Me encuentro en una situación en la que Sara no me deja mover el coche por nada del mundo, y sé que el hospital está a 2 minutos. El momentazo es, que estamos parados en segunda fila en la calle, con la acera y un carril bici justo al lado, un jueves a las 10.30 de la mañana, y Sara con contracciones bestiales, el coche superempañado, vamos que estoy convencido que alguien nos escuchó y  nos vio.

Sara me dice que no me mueva, que no haga nada, pero yo no puedo más y necesito algo de apoyo, veo de repente que por el carril contrario viene una ambulancia, le pito, pero no me hace caso o no se da cuenta, pero algo en mi interior me dice que mejor así, que si hubiesen venido médicos en ese momento, no hubiese sido bueno… y dejo de pensar en buscar ayuda externa, pero mi estado emocional sigue pidiendo un apoyo, y entonces pienso en Atenea (la mayor) cojo el móvil para escribirla y Sara saca un rugido que dice: “NO LLAMES A NADIEEE!!” pero escribo a Atenea y como puedo le escribo esto:

WASAP ATE PARTO ATE

Me contesta y ya estoy más tranquilo, ya se que hay alguien que sabe nuestra situación, alguien de confianza que no va a interferir ni opinar en el proceso, solo va a estar presente, de nuevo GRACIAS!

Soy plenamente consciente de que la bebé va a nacer en el coche, y Sara también, es más, ella lo verbaliza y me pide que no quiere ver a nadie, que no venga nadie. Una vez asumido que va a nacer en el coche, de nuevo supongo que por “deformación profesional” aparecen fantasmas que de nuevo me inquietan, sale mi parte más sanitaria, y empiezo a pensar que no se como viene, que no ha habido ningún control, que no se si está en bradicardia o si viene con vueltas de cordón o si al salir se encajará un hombro, y si hay una hemorragia que no puedo controlar…?

Las contracciones son casi sin pausa, mis ojos solo están pendientes de la pelvis de Sara, esperando que en cualquier momento cambie los movimientos y Atenea quiera terminar de salir. Las contracciones casi empiezan a dolerme a mí, siento que Sara lo está pasando mal, le duele mucho y no puedo hacer más que estar sentado en el coche esperando…

De repente, los gritos de Sara cambian, me doy cuenta que ya no son gritos de contracciones, hemos cambiado de fase…, son rugidos de expulsivo!! Diooos!! Atenea está a punto de salir!!, mis pulsaciones se disparan, tengo la certeza que Atenea va a nacer en el coche, pero quiero, necesito, que en cuanto nazca haya alguien a nuestro lado para ayudarnos en caso de que algo no salga bien… y mi lado sanitario gana a mi lado emocional. Le digo a Sara que me perdone, le cojo la mano y arranco el coche hasta la puerta de urgencias del hospital.

Llegamos a urgencias y hay una ambulancia, pito al conductor y le digo que es un parto, y claro, el hombre me mira y poco más, claro, pensaría que si es un parto y estás en la puerta de urgencias… pues entra y ya está.

Yo no me podía mover de ahÍ, estaba todo a punto de terminar, pero tenía que avisar de lo que estaba ocurriendo. Mis ojos siguen pendientes de la pelvis de Sara, cuando veo que empieza a bajarse el pantalón y como en un sueño me grita: “JOSEEE, LA CABEZAAA” Salgo corriendo del coche (y el de la ambulancia también) me voy al lado de Sara y le termino de bajar el pantalón, Sara me grita una y otra vez: “LA CABEZA, SACALAAA”

Veo la coronilla de Atenea y de nuevo todo se nubla, se ralentiza, todo tiene sentido y todo está en calma, solo hay que esperar que madre e hija terminen lo que empezaron hace meses y yo estoy aquí para acompañarlas. Otro empujón de Sara y sale la cabeza, pero me despierto de ese estado de letargo y de nuevo mi yo sanitario se pone alerta, veo los pliegues del cuellito de Atenea y revivo el parto de Lucas con sus dos vueltas de cordón apretadas, con la gine residente intentando soltarlas y la gine adjunta gritando “Córtalo!! córtalooo!!”. Sara me grita, SACALAAA!! y no se como, per vuelvo a la calma, todo se ralentiza de nuevo, y pienso que no hay que sacarla, solo hay que esperar el milagro… y justo después, otro empujón y sale el cuerpo entero de mi hija, lo recogo, y según se lo estoy poniendo encima a Sara, me aseguro que no hay vueltas de cordón, solo eran los pliegues de la piel, y sin darme cuenta mis dedos van a su cuello y compruebo que hay pulso y que su tórax se mueve, respira… ya está…

La tapo con mi abrigo y le digo a Sara al oído que ya está, que lo han hecho fenomenal, y que ahora solo hay que descansar…

La puerta de urgencias del hospital está llena de gente mirando, ya hay una camilla esperando para meterlas dentro, hace mucho frío. Atenea en brazos, la placenta aun dentro y el cordón uniendo aun a madre e hija, Sara se pone pie, sale del coche y se tumba en la camilla.

Retomo justo antes de que saliese Atenea: Cuando Sara me dice que la cabeza está saliendo y me bajo del coche, Sara habia roto ya la bolsa, estaba todo mojado, y al terminar de bajarle los pantalones, mis manos se empaparon, claro. Pues bien justo cuando se los termino de bajar, aparece una señora (no se si enfermera, o de información, o que…) mete la cabeza al lado de la mía y le dice a Sara… : “Cielo… no grites, tu no grites…” O.O una de mis manos empapadas se planta en la cara de esta buena mujer y la empuja fuera del coche. De nuevo otra vez, las sorprendente actitudes de la gente ante una situación de estrés inesperada… Si nos  lees, un saludo!

Fue justo ahí cuando empezó mi papel de defensor de mi familia en el hospital ya que nada más entrar en la sala de urgencias, me dicen que yo me quedo fuera… Que me quedo fuera? jajaja, me parto… Les digo educadamente que no, que como me voy a quedar fuera con lo que acaba de pasar, y de nuevo me insisten cogiéndome del brazo y ya no es educadamente pero tampoco de malas formas, simplemente les digo: “no, no me quedo fuera” y sigo con Sara y Atenea, y ya a la tecera me doy la vuelta con algo más de mala leche, y les digo que hagan lo que quieran, pero que yo no me muevo de ahí. Me dicen que tienen que ver si todo está bien, y les digo que está todo bien, que la niña respira y tiene pulso y que no me muevo. Lo dejan por imposible y me piden los nombres de la madre y de la niña, y en ese momento salgo del letargo y me doy cuenta que la niña está azul por el frío, y que a Sara se le están cerrando los ojos (modo sanitario -on-, pienso que no se si es cansancio o es una hemorragia) y me retiro un poco, Atenea está encima de Sara y la tienen tapada con una manta térmica, y escucho a alguien decir que la tienen que quitar de ahí, y de nuevo alzo la voz y digo que no, que la niña de encima de Sara no se mueve, que hagan lo que tengan que hacer pero encima de Sara.

Veo a la gine que nos atendió en la primera visita durante el embarazo, casualmente la que nos hizo replantearnos el hospital donde dar a luz (no había otra…) y la escucho decir a otra en voz baja algo así como: “…si es criterio médico, es criterio médico…” y justo cuando yo iba a saltar de nuevo se me acercó otra persona y tranquilizándome me dijo que iba a ser solo un instante, que no se la iban a llevar, solo levantar a la niña, secarlas a las dos bien y volverla a poner encima y entonces accedí, y así fue, las secaron y otra vez piel con piel, poco a poco Atenea empezó a cambiar la coloración y a ponerse rosita, ahora sí que estaba todo bien.

En medio de todo esto, levanto la cabeza y veo que estamos rodeados de gente, 17 en concreto (médicos, enfermeros, auxiliares, celadores, gente de admisión…) y me vino a la cabeza el corto de Luis Tosar, y entré en cólera, y les grité que eso no eran ningún espectáculo, que ahí no pintaban nada, y que no era yo el que me tenía que ir y que se fuesen!!… Nadie me hizo caso y nadie se movió jaja, ahora me parto… jaja. Al rato me sentí un poco mal por haberme comportado así, pero ahora lo pienso y los que se tienen que sentir mal son ellos (o buscar responsables…), al permitir estar dentro de la sala a 17 personas, sanitarios o no, y otros tantos que había fuera mirando desde la puerta abierta.

Decidieron llevarnos a los paritorios para alumbrar la placenta y para allá nos fuimos. Al llegar a los paritorios, estábamos mucho más tranquilos, pero nos quedaba un rato todavía para que esto terminase. Allí nos recibió “LA matrona”, sí, esa matrona que no puede faltar en ningún hospital, esa matrona, que no se porque no se dedica a otra cosa porque la sensibilidad la tienen en la punta del… (y luego tenemos que leer que las matronas no quieren doulas, pero como no va a haber doulas con matronas así…) Esta mujer se va a encargar de suturar el pequeño desgarro que ha sufrido Sara en el expulsivo, y no hace más que dar órdenes, y más órdenes a Sara, en un momento en el que debería estar en silencio, a oscuras y sintiendo a su bebé. Llega la pediatra a ver a Atenea, la cogen la llevan a la mesa caliente (yo ya no tenía fuerzas para seguir luchando, ahora con la pediatra…) y la miden y la pesan, vacuna, pomada de los ojos… y yo pendiente de la niña, cuando me giro y veo a Sara, tumbada en la camilla y completamente desnuda, porque la iban a limpiar, pero a limpiar de que!!! y la matrona diciéndola que bajase el culo que no podía suturar, y veo a Sara que empieza a tiritar, y otra vez me cabreo, y les pido que la tapen que está tiritando, que esto no se hace así, y me dicen que sí, que un momentito, y yo: “ni momentito ni nada, que la tapéis ya, que tiene frio!”

Otra vez Atenea piel con piel, las tapan a las dos, la matrona termina de suturar, se van, apago la luz, me siento a su lado, respiramos profundamente, Atenea empieza a mamar e inevitablemente rompo a llorar…

Me gustaría destacar que ante una situación así, es lógico pensar que el “protagonismo” de la historia me lo lleve yo, ya que una madre “está para dar a luz” y un bebé para nacer, pero que el padre asista el parto… guau! eso es de héroes!… Pues no, simplemente esperé y cogí a mi hija cuando entre las dos, Sara y ella, decidieron que era el momento de nacer.

Las verdaderas heroínas de esta historia son Sara y Atenea

OS QUIERO

porteo papa nacer coche

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Nacer en el coche, nacer en Familia (Mamá)

…UN DÍA MUY IMPORTANTE EN MI VIDA…

 

Se me ocurren muchas formas de empezar a contaros un día muy importante en mi vida pero creo que simplemente hace falta empezar por el principio…

El 21 de Noviembre nació nuestra segunda hija ATENEA.

A las 3 de la madrugada mi cuerpo se despertó en la cama sobresaltado porque ya empezaba a sentir las contracciones… me desvelaban y me volvía a dormir, no era muy consciente de que el momento estaba llegando, miraba el reloj según pasaba el tiempo y vi que estaban siendo más o menos cada 10 minutos.

A las 4 y media me desperté y pensé: “Sara, ha llegado el momento y Atenea ya está aquí, pronto la tendrás en tus brazos, el proceso de parto ahora sí que ha empezado y no va a parar… ánimo y tranquila, piensa en todas las cosas positivas que puedes hacer ahora, en todo el proceso… el tener a mi pareja al lado, las clases de yoga prenatal, los consejos de tus compis Continuum… adelante, estás preparada”.

“Sara, ha llegado el momento y Atenea ya está aqui…”

Hablé con mi niña y le dije: “Estamos preparadas mi amor”.

Desperté a Jose y le avisé de que estaba teniendo contracciones cada 10 minutos, pasaba el tiempo y de pronto, en una de esas contracciones me puse a llorar, le dije a Jose que lo que más me preocupaba y lo que quería que pasase es que Lucas, nuestro hijo se despertase a las 8.00 como todos los días, desayunase, se vistiese y se fuese al cole. Así yo podría parir por la mañana y poder verle a él por la tarde en cuanto saliese del cole, mi preocupación era que mi niño no pasase horas solito sin saber donde estaban mamá y papá, aunque sabía que estaría bien con los abuelos para mí era lo más importante, él, casi más que yo.

“…mi preocupación era que mi niño no pasase horas solito…”

Jose me tranquilizó y me dijo que no me preocupase, que iba a dar tiempo y que todo saldría bien, me secó las lágrimas y mi cuerpo se relajo un poquito; seguí con contracciones, intentaba utilizar la voz como recurso para el dolor, decía la vocal “A” como bien me explico mi profe de yoga para abrir todo mi canal de parto, ya que todo está ligado, y miraba el reloj deseando que fuesen las 8.00. En las contracciones pensaba a veces que iba a despertar a Lucas, pero no fue así, quería que mi niño descansase y no despertarle, cortarle el sueño y hacerle pasar por un vaivén de cosas.

Por fin dieron las 8.00 y pude despertar a Lucas, ya estaba algo más relajada, se levantó como todos los días, preparé el desayuno mientras Jose hinchaba la pelota grande de gimnasia por si en algún momento la necesitaba yo. Todo esto con contracciones pero soportables, Lucas me miraba y yo le decía que no pasaba nada que a mamá le dolía un poco la tripita porque Atenea ya quería salir; y a él le parecía perfecto y seguía jugando y diciéndome que de que color eran los globos que tenía en la mano, jeje, era bastante cómica la escena la verdad.

Desayunamos los 3 juntos como todos los días y le dije a Jose que llevase a Lucas al cole y me dijo que me iba a quedar sola pero le dije que me daba igual, que no pasaba nada, que estaba bien y sería solo un ratín; llamé a mi madre para avisarla de que ya estaba de parto y que tendrían que ir a recoger a Lucas al cole y que le llevaba Jose pero mi madre me dijo que no, que iba mi padre a por Lucas a mi casa para llevarle al cole, que no podía quedarme solita en casa y yo le dije que vale. Mientras que mi papi llegaba fui vistiendo a Lucas mientras Jose se arreglaba, todo ello entre contracción y contracción, alguna ya más fuerte que otra, cada 4-5 minutos aproximadamente; Jose preparaba todas las cositas para el hospital que estaban guardadas en el armario, atento a todo para que yo no me preocupase más que de mí misma, me recordaba también todo el rato que tuviese movimiento para ayudarme con el proceso incluso alguna vez me cogía él de las caderas y me ayudaba a balancearme, a contonear mi cuerpo para liberar la tensión, aunque tengo que deciros también que antes de salir de casa al hospital se las quité un par de veces porque ya no consentía yo misma que me tocase nadie, ni él.

Minutos más tarde llamaron al timbre y ya estaba el abuelo en casa, Lucas preparado, nuestra perrita también y el equipaje de Lucas para quedarse con los “abus” dos días. Mi padre subió y le dijo a Jose que nos deberíamos de ir ya al hospital y Jose le dijo que sí, que en cuanto se fuese Lucas; le di los besos con más amor del mundo a Lucas casi en mitad de una contracción y salieron todos por la puerta para irse al cole, Jose bajó a ayudar un segundo a mi padre con todo y subió a casa.

“…mi padre le dijo a Jose que nos deberíamos ir ya al hospital…”

Yo estaba recogiendo el desayuno y cuatro cosas que había en la casa pero tenía la sensación de que en 5 minutos todo se estaba acelerando de forma muy rápida. Nos dispusimos a salir de casa y cuando me di cuenta no era capaz de hacerlo, no me acuerdo muy bien de un tramo de tiempo… pero de repente me vi en el baño de casa intentando vestirme y no era capaz, y me puse a peinarme como pude, me lavé los dientes como en 4 veces porque no era capaz de avanzar más entre contracción y contracción, Jose estaba atento de mí en todo momento y le pedí por favor que me vistiese porque no era capaz de hacerlo yo sola, no me puse ni braguitas ni sujetador, mi cuerpo sentía que ya era la hora de marchar al hospital, tanto era así que en una de las últimas contracciones antes de salir del baño me entraron ganas de empujar… en ese momento me puse muy nerviosa y le dije a Jose que no nos daba tiempo a llegar al hospital de Torrejón que era donde habíamos decidido dar a luz, se lo dije una y otra vez pero él solo me decía: “Tranquila cielo, sí nos da tiempo vale?”. Pero yo sabía, mi cuerpo sabía y sentía que no… y lo repetí varias veces diciéndole que fuésemos al hospital Infanta Sofía el cual tenemos a 500 metros de la puerta de casa, sentí miedo a no ser capaz.

“…sentí miedo a no ser capaz…”

Conseguimos no sé muy bien cómo salir de casa (solo recuerdo contracciones una detrás de otra), yo con el pensamiento de ir al hospital al lado de casa y Jose con la intención de ir a Torrejón ya que no queríamos dar a luz en el hospital de casa. Montamos en el ascensor y me dio una contracción, al bajar al garaje otra, al salir del ascensor otra, al caminar hacia el coche otra, en el coche otra… no había forma de controlar ya la situación, Atenea estaba deseando salir. Como yo utilizaba mi voz en cada contracción, pues una vecina escucho todo en el garaje y bajó asustada pensando que a alguien le pudiese estar pasando algo. Me vió y la dije que estaba de parto, que no pasaba nada y la mujer se puso nerviosa y le dijo a Jose que se diese prisa para que me pusiesen la epidural (jeje, y yo queriendo un parto natural) y después de esto se puso a contarme que sus partos no habían sido dolorosos… yo no me lo podía creer… mi cuerpo gritaba más y más para no escucharla, ¿Cómo se puede ver a una mujer en situación de parto y decirla que a ella no le dolió y que si patatín o patatán? jajaja, yo creo que fueron los nervios, porque si no… no lo entiendo.

Me monté en el asiento del copiloto y salimos del garaje, ya en la primera cuesta de este noté que el movimiento del coche me hacía sentir más dolor, no estaba pasándolo bien. Mi mente sentía miedo, mi cuerpo dolor, una sensación cada vez más intensa, más fuerte.

Jose yo creo que ya vio que era verdad que no nos daba tiempo y fue al hospital de al lado de casa, pero yo le mandé parar el coche a 200 metros de la puerta de Urgencias, no podía más, mi cuerpo no podía con el movimiento del coche, rotondas, frenazos, resaltos… Y  de repente me hice pis encima del esfuerzo en cada contracción, en cada pujo, porque mi cuerpo sintió como ya quería salir mi bebé, mis “gritos” cambiaron… mi cuerpo me pedía empujar… pensaba a la vez en Jose, estaba atento a mi pero de repente sacó el móvil y le dije que por favor no avisase a nadie, que la niña iba a nacer en el coche, que yo no me podía mover; él quería avanzar para llegar al hospital porque lo teníamos al lado pero yo no quería, no podía… quería que mi niña naciese allí y luego ya ir al hospital, no quería ver a ningún médico ni persona con bata de un hospital, no podía más, solo pensaba en mi en ese momento.

“…quería que mi niña naciese allí y luego ya ir al hospital, no quería ver a ningún médico ni persona con bata de un hospital…”

De repente… Jose me dió la mano, me dijo lo siento y fue derecho a la puerta de Urgencias del hospital. Yo rompí la bolsa y noté como mis contracciones bajaban de intensidad pero con unas ganas de empujar terribles. En segundos pensé que hacía yo en esa situación, porque había llegado hasta allí… y cuando me quise dar cuenta estaba en la puerta de Urgencias, me agarré el pantalón par bajármelo y le grité a Jose, ¡LA CABEZA! ¡LA CABEZA!, se bajó del coche, me terminó de bajar los pantalones, yo levanté una pierna como pude y le dije que la sacase, sentía la cabeza perfectamente y Jose me dijo que un poquito más, que aún no, y en dos pujos más, exactamente, Atenea cayó en las manos de su papá que lo primero que hizo fue ponérmela encima y taparla con su abrigo (No puedo seguir escribiendo de las lágrimas que caen ahora mismo por mis mejillas).

La siguiente escena que recuerdo es ver salir muuuucha gente de la puerta del hospital para el coche, para atendernos a mí y a la niña; verme tumbada en una camilla con mi bebé encima con una manta de calor, con oxigeno (Atenea se puso azulita del frio y por si acaso…), con enfermeras diciéndome está todo bien, enhorabuena mamá y las voces de Jose discutiendo de fondo porque no le querían dejar pasar, cosa que evidentemente no consiguieron, como tampoco el quitarme a mi bebé de encima, tan sólo consiguieron romperme la camiseta, secar mi cuerpo y el de Atenea, volver a ponérmela encima y cortar el cordón (ojalá hubiese sido un pelín más tarde).

Todo ese ratito lo tengo bastante nublado; solo pensaba en todo lo que había pasado, en mi bebé, en que Jose estaba ahí para hablar por mi porque yo no era capaz y en que tenía muchísimo frio y las piernas no me dejaban de temblar de eso y del esfuerzo. Por un momento sentí que lo había conseguido, un parto natural, un parto como yo deseaba, solos Jose y yo prácticamente, sin tactos, sin monitorizaciones, sin oxitocina ni epidural ni nada por el estilo, solo Atenea, yo y mi cuerpo. Lucas iba a poder ver a su hermanita en cuanto saliese del cole, había nacido a las 10.45 h, hora que dijo el papá que fue el que la recibió en este mundo, ya que los médicos no podían decir hora exacta.

Me llevaron a paritorios y allí salió la placenta y me dieron los 3 puntitos por el desgarro, no pude parar de temblar hasta que me pusieron una manta por encima, no quería que nadie me tocase, estaba y notaba que estaba dolorida y no quería que nadie estuviese toqueteándome pero para coserme no fue así, le dije a la matrona (de ella y de el personal de planta ya os contaremos en otro momento) que por favor me diese dos minutos, que los necesitaba.

Nos dejaron tranquilos y Jose rompió a llorar y yo le decía que lo sacase, que lo que nos acababa de pasar era alucinante, yo no podía llorar y creo que fue por las hormonas, mi cuerpo estaba a tope con la pequeña y a día de hoy no he podido llorar de la emoción porque la emoción es tan positiva que no me deja.

He tenido el parto que quería de la forma más natural que podía ser, mi niña ha venido al mundo como ella ha querido, sana y pisando fuerte y sus papás hemos estado ahí para recibirla, ¿Qué más puedo pedir? Esto sí que es UN DÍA MUY IMPORTANTE EN MI VIDA.

ATENEA, TE QUIERO HIJA

Tu mamá

nacer en el coche mama

Aquí podéis leer la versión del papá!

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El papá que amamanta, ESO NO EH??

rober de niro teta

Ayer ví por segunda vez el documental “Las caras de la maternidad”, lo volvieron a poner en “Documentos TV” debido a que el 26 de junio recibió el Premio Nacional Alares 2013.

Es un documental que tal y como explican en la web de rtve.es aborda esta experiencia vital, que es la maternidad, a través de los testimonios de doce familias. Es curioso ver las grandes diferencias de percepción que existen en cada familia.

Recuerdo que la primera vez que lo vi me indigné bastante, ya que el porcentaje de familias que defendía a capa y espada y con argumentos la lactancia materna, el apego, el respeto al niño, no era el que me hubiese gustado ver. Y me hubiese encantado escribirlo en un blog, pero por aquel entonces todavía no existía Aúpale, pero hoy… jijiji. Ayer según lo estaba viendo reviví aquellas sensaciones, pero no me indignó tanto como recordaba, ¿será que la experiencia me permite tomarme las cosas con más calma?, Lucas ya lleva 35 meses mamando y creo que se ve todo de otra forma.

La indignación en este caso, vino cuando en el minuto 27′ 14”, Guillermo, parte de la pareja formada por Guillermo y Rosa (Pediatra) comenta que una de las razones por las que le dan biberón, a su hija Julia de 2 meses, es porque así él, el padre, puede colaborar en la alimentación del bebé. Decía así: Hombre yo prefiero que sea mixta, también te gusta participar a tí, porque si solo es de la teta, tú miras pero no participas”

Pero…. por favooooor!!! Otra vez este rollo!!! Otra vez esta mentiraaa!!

Pero ¡¡¿quién mete a las familias, y en concreto a los padres, esta idea absurda de que si no se dan biberones, el padre no colabora en la crianza de los hijos??!! Habrá alguno que diga que no hablan de la crianza pero sí de la alimentación, y yo contesto que a partir de los 6 meses, 6 MESES, la lactancia se complementa con la “alimentación complementaria” (valga la redundancia) y entonces sí que podrás colaborar en la alimentación de tus hijos. Además de que durante la lactancia materna, también puedes!

De esta reflexión me surgen una serie de preguntas para esos padres que defienden los biberones, para así colaborar y participar en la alimentación de los bebés:

1. En caso de que a tu pareja, la madre de tu bebé, durante el parto, le hayan hecho una episiotomía o haya sufrido un desgarro, para colaborar y participar en el parto de tu bebé, ¿porqué no coges un bisturí… y ya sabes…? A CORTAR!

Eso no, eh?

2. Y si por lo que sea, no ha habido episiotomía o desgarro, pero sí una cesárea (necesaria o inne-cesárea), y le han cortado, la piel, la grasa, la musculatura abdominal, útero…, ¿porqué no coges un bisturí… y ya sabes…? A CORTAR!

Eso no, eh?

3. Algo menos “gore”, ¿porqué no te cuelgas una mochila a la altura de tu abdomen y le vas cargando peso poco a poco, según van pasando las semanas de embarazo de ella, hasta llegar al punto que no puedas dormir boca abajo?

Eso no, eh?

4. Durante la dilatación y las contracciones de parto, ¿porqué no te colocas un electro-estimulador-muscular a máxima potencia alrededor de tu abdomen y que suelte la descarga durante horas cada pocos minutos e incluso segundos?

Eso  no, eh?

5. Por último (se me ocurren más, pero creo que ya está clara la idea) mejorando la anterior, no se si conocéis a la Tribu Huichol, habitan el oeste central de México en la Sierra Madre Occidental, y una peculiaridad que tienen es la que véis en la imagen, y la describe A. GELTY, en “La Diosa. Madre de la naturaleza viviente” así:

“El acto de parir, ya se trate de un hijo, una idea o una obra de arte, va siempre acompañado de dolor. Los indios huicholes piensan que la pareja de la mujer debe compartir el dolor y el placer de dar a luz, por eso, mientras ella está de parto, el marido se sienta en las vigas situadas sobre su cabeza con una cuerda atada a los testículos. Cada vez que tiene una contracción, la parturienta tira de la cuerda. Al final, el marido siente tanta alegría por el nacimiento del niño como la mujer ¡O incluso más! Esta costumbre de compartir los dolores del parto, en la que el hombre mantiene una actitud simpática de empollamiento ante la llegada del hijo, está extendida entre muchos nativos.”

tribu huichol

¿Porqué no haces lo que los maridos huicholes?

Eso no, eh?

Estos huicholes, a pesar de compartir y participar en el dolor del parto, NO dan biberones para compartir y participar en la alimentación de sus hijos, y creo que en su caso, no habría tanto que reprochar, no…?

Cuando las cosas nos hacen daño a nosotros no, pero cuando, aunque no sea lo mejor para nuestros hijos, satisfaga nuestro egoismo…

Eso sí, eh?

En un próximo post os explicaré como entiendo yo la colaboración y la participación del padre en la lactancia materna. Cuando hablo de colaboración y participación, me refiero de forma activa, no dando ánimos, ni apoyando emocionalmente, etc, que también, por supuesto.

Jose Aúpale, un papá que sí colaboró, participó, colabora y participa en la alimentación de su hijo, sin necesidad de biberón.

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10 recomendaciones para gestionar las visitas tras dar a luz. (Parte II)

Después de leer las 5 primeras recomendaciones, os traigo las restantes:

multitud simpsons ps

6- La intimidad de tu parto:

Si te preguntan por el parto, no te sientas obligada a dar todo lujo de detalles si no quieres, si prefieres no recordar momentos malos, óbvialos, siempre puedes decir que todo ha ido bien. Además enseguida habrá alguien que empiece a hablar de su parto dando los detalles más escabrosos, quizás sea un buen momento para escaparte al cuarto de baño.

(Edito: Releyendo la recomendación 6, da la impresión de que todos los partos son malos, que todos los partos tienen “momentos malos” y no es así. Pero desgraciadamente, la inmensa mayoría de los partos sí lo son. Hay madres que querían un parto instrumentalizado, el famoso “a mi que me lo saquen” y lo tuvieron (deacuerdo o no, pero respetable). Por otro lado existen mujeres que desean un parto natural, no instrumentalizado ni intervenido, y lo lo consiguen. Pero, existe un porcentaje de mamás, que deseaban un tipo de parto, o realmente no sabían que deseaban en su parto, pero SÍ que tenían claro que es lo que no querían, y eso que no querían o esperaban tener es el aniñamiento, es el mal-trato, es la indefensión, la falta de tacto (que no de tactos), falta de información, etc etc. Y por una razón u otra se ha encontrado con todo ello, y NO le ha gustado, pues es para esas mujeres a quien va dirigida esta recomendación.)

7- El bebé con su madre:

Es para todos conocida la imagen del recién nacido pasando de mano en mano, “¿puedo cogerle?”, “¡yo todavía no le he cogido!”, “¿toma, Fulanita, cógele, mira que cosita más linda?. Mientras su madre con media sonrisa, observa la situación, sin hacerle ninguna gracia  y deseando que le devuelvan a su bebé y que le dejen en paz. Tienes dos opciones: la primera, muy diplomáticamente decir que por favor no le cojan que está agotado y le ha costado un poco dormirse y no quieres que se despierte. Y la segunda: plantarte y decir que se acabó!! Pero si la situación que se está dando no te gusta, no te lo calles, porque el bebé donde quiere estar es contigo, y tú con él.

8- Ayuda en las tareas de casa:

Si alguien te ofrece ayuda, no dudes en aceptarla, piensa que si una amiga, tu padre, tu pareja o tu abuela, se ofrece a poner una lavadora, es un tiempo que tú puedes aprovechar para estar con tu bebé, para darte una ducha, para dormir un poco o para cualquier otra cosa que se te ocurra y que nadie puede hacer por ti.

9- Olvídate de los “opinólogos”:

Desgraciadamente, tooooodo el mundo te va  dar su opinión sobre cualquier cosa que hagas, digas o pienses. “Que si duerme mucho, que si duerme poco, que si todo el rato enganchado a la teta, que si lleva mucho tiempo sin mamar, que si está muy arropado, que si está muy destapado, que si en mi época se hacía tal o cual…, que si ¡hija como te pones…!” etc, etc. Nadie duda que lo hacen con su mejor intención, pero a veces no se dan cuenta de que en vez de ayudar, están agobiando demasiado a una mamá que acaba de parir, y hay que respetar ese momento. Por eso, una opción es que te mantengas firme en tus decisiones y no dejar que nadie te diga lo que tienes que hacer o lo que está bien o mal.

10- Descanso con mi bebé:

También es típica la situación en la que te dicen, que les dejes al bebé para que así tú puedas descansar, cuando la mejor forma de descansar tanto tú como tu bebé es los dos juntos, tal y como lleváis haciendo 9 meses. Si os separan, tanto tus alarmas como las del bebé van a saltar y no se va a  poder producir ese descanso hasta que de nuevo estéis en contacto. Es preferible que te ayuden con las tareas del hogar a que se queden “cuidando” de tu bebé recién nacido.

Todo esto es siempre y cuando no estés deseando todo lo contrario, es decir, estar rodeada de visitas todo el día y la noche, el barullo, las opiniones gratuitas, etc, (opción bastante rara en una mamá que acaba de dar a luz, es más no conozco a ninguna que quiera esa situación…) Si ese es tu caso, haz como si no hubieses leído nada jeje.

Estas son mis últimas 5 recomendaciones, puedes leer las 5 primeras aquí. Si se te ocurre alguna más, no dudes en comentarla.

 

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10 recomendaciones para gestionar las visitas tras dar a luz (Parte I)

Cuando se acerca la hora de dar a luz, una de las cosas que sabemos que van a ocurrir, y además habitualmente, queremos que ocurran, son las visitas. Pero queremos que ocurran de forma ordenada y sin dejar de respetar nuestras decisiones y necesidades.

Por supuesto a todas nos gusta que nos pregunten como estamos, que se preocupen de nosotras y de nuestro bebé, y además tenemos metido en la cabeza que no debemos “quedar mal” socialmente hablando.

Pero claro, en esos momentos lo último que nos apetece es estar “disponibles”, decentes y encantadoras. Lo que nos apetece es descansar, y estar con nuestro bebé, que por cierto también ha tenido su trabajo de parto y también necesita descansar.

Por eso os traigo estas recomendaciones que seguro os van a ayudar a la hora de las visitas:multitud simpsons ps

1- Anticipa a familiares y amigos:

Antes del parto, puedes ir dejando claro tanto a amigos íntimos como a familiares lo que quieres y lo que no quieres, y asegúrate de que ellos lo entienden. Además puedes pedirles que se encarguen de transmitir tus deseos al resto de posibles visitas.

2- Decide previamente quien quieres que vaya al hospital y quien a casa:

Seguramente no te guste recibir en el hospital a “tu tía la del pueblo” que va a venir a pasar la tarde y a apretar los mofletes de tu bebé sin dejar de hablar… Para evitar esto, lo que puedes hacer, es no decir que has dado a luz nada más que a los más allegados, y ya una vez estés en casa avisar al resto.

3- No más de 2-3 personas:

Tanto en el hospital como en casa pide que no haya más de 2-3 personas a la vez, así evitarás agobios y ambientes cargados. Además evitarás que se formen grupitos de charla y que se tiren todo el día de cháchara.

4- Avisar antes de visitar:

Una buena forma de controlar la llegada masiva de visitas, es pidiendo que antes de aparecer, te avisen, bueno no que te avisen, si no que te “pidan permiso”. Y si no te apetece, o sabes que habrá más gente, no dudes en explicar que no es el mejor momento, y que en cuanto tengas un rato para ellos, tú les avisas.

5- No ejerzas de anfitriona:

Sobre todo en casa, ya que en el hospital poco tienes que ofrecer… No deberías preocuparte de tener refrescos en la nevera, o patatitas para las visitas, ni café recién hecho. Preocúpate de tu bebé y de tí misma. Si alguien quiere tomar algo en tu casa que lo traiga, o mejor que no traiga nada así la visita se reduce en el tiempo. La visita se supone que viene a acompañarte en ese momento tan especial que estás viviendo, no debe venir a pasar la tarde.

 

Estas son las primeras 5 recomendaciones, puedes leer las 5 siguientes aqui. Si se te ocurre alguna más, no dudes en comentarla.

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